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“Los orígenes de la ciencia moderna”

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Mapa de la Luna

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The origins of Modern Science. Herbert Butterfield, según reza en cubierta, concibió este libro para todo el mundo, bueno enseguida aclara que todo el mundo es cualquier persona que  desee conocer los aspectos apasionantes de la historia de la cultura, aunque quizá afinando un poco más para científicos e historiadores.

El caso es que se trata una vez más de un libro interesante, una de esas obras en apariencia aburridas, pero interesantes en algún aspecto al menos y yo diría que en muchos. Cada nueva visión, cada nuevo matiz, cada nueva explicación con la que el lector se pueda encontrar en los caminos de la lectura le aportan algo, y algo que puede ser valioso, si sabe aprovechar las ideas que recoge. Claro no todo lo que se pueda esperar es nuevo, ni original, ni fascinante, pero algo sí.

Trece capítulos que comienzan con la teoría del Impetus, y pasando por Copérnico, el estudio del corazón de William Harvey. La confrontación Aristóteles- Tolomeo. El gran siglo XVII y su método experimental, Bacon y Descartes y “el efecto de la revolución científica en las ciencias no mecánicas” y este capítulo, el séptimo, es el que a mí como lectora más me ha interesado. Las otras ciencias, las aportaciones de los cambios de mentalidad que se operaron en la física en qué medida influyeron en las ciencias de la vida, por ejemplo, o en el desarrollo de otras formas de pensamiento no hegemónicas en occidente. Aquí me detendría yo. Y esta parada reflexiva, me parece que ya vale la mención del libro, aunque no solo.

Después continúa y enmarca la revolución científica en la historia de la civilización occidental, la historia moderna de la gravitación. El retraso de la revolución científica en la química. En fin que hay varios puntos que se podrían calificar de interesantes, cada cual escoja el suyo. Yo me quedo con el citado séptimo capítulo.

[…] la idea del universo máquina fue la gran contribución de la ciencia del siglo XVII a la era racional del siglo XVIII […]

[…]Nunca es fácil- ni aún suponiendo que sea posible- sentir que se ha llegado realmente al fondo de un problema, o que se ha alcanzado el límite último de la explicación, cuando se estudia una transición histórica. Siempre parece que los cambios más fundamentales de perspectiva,  los giros más notables de la corriente de los hábitos intelectuales, pudieran ser referidos en último término a una alteración de los sentimientos del hombre hacia las cosas […] y al mismo tiempo tan penetrante[…] que no puede ser atribuida a ningún autor en especial […]

Subrayo la alteración de los sentimientos porque me parece la idea clave, en general, de todos los cambios profundos  y trascendentes.

[…]La nueva filosofía permitía reducir todo el universo a materia y movimiento. Hacía posible explicar toda la naturaleza en términos de mecánica.[…]

El fascinante siglo XVII…

Manejo una edición antigua, de Taurus, Madrid, 1982

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1 comentario

  1. Rosa M Herrera dice:

    Reblogueó esto en Baricentro Blog.

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