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La ciencia, una actividad muy humana…

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‘Los Nobel también hacen trampa’, ‘Crímenes y castigos’, ‘¿La ciencia con mayúsculas o el embuste con mayúsculas?’, ‘Descubrimientos y redescubrimientos del agua’, ‘Delitos de bata blanca’, ‘Falsificaciones afortunadas y desafortunadas’, ‘Un Judas en el laboratorio’, ‘Fósiles falsos y eslabones perdidos’, ‘El científico impostor’.  La reunión de estos títulos en un volumen titulado Las mentiras de la ciencia escrito por Federico di Trocchio es un ejemplo más de la variopinta y exhaustiva literatura científicacontracientífica, y hay que tomarla con cuidado y andarse con pies de plomo. No es conveniente aceptarla a ciegas y sin más. Pero sí va bien tenerla en cuenta. Nunca sobra la autocrítica, nunca sobra la reflexión y una parad en el camino para ver lo que uno es, lo que uno hace. El resultado en muchas ocasiones es esclarecedor. En este volumen bajo el aspecto casual de una crítica feroz se esconde generalmente una cierta dosis de ternura, con mucho sarcasmo casi siempre, con alegría en ciertas ocasiones, divertida o ácida según circunstancias.

Quizá a mi juicio, lo más interesante y digno de tener en cuenta son la gran cantidad de anécdotas poco conocidas que aparecen. No estoy en condiciones de aseverar que todas sean ciertas, ni tampoco lo contrario, el autor intenta constantemente demostrar que están bien documentadas aportando gran cantidad de datos y precisiones. Pero a la postre da igual, sea todo lo relatado fidedigno y literal o una fantasía o elucubración ad hoc sobre hechos seguramente verídicos; el verdadero valor de la obra, en mi opinión, estriba en la profunda reflexión que incita sobre la actividad científica mostrando que adolece de los mismos vicios y se adorna con las mismas virtudes que cualquier otra actividad humana. Que todas las cosas que hacen los seres humanos tienen esa mezcla de vileza y villanía junto a grandeza y hermosura.

Ya lo sabemos, pero conviene de vez en cuando que recordemos que los científicos, son envidiosos, copiones, embusteros, miserables, soberbios, egoístas, tímidos, codiciosos, perversos, sí; es decir como todos los demás seres humanos. Pero mirados en conjunto pierden parte de ese patetismo que compartimos todos los humanos y nos hacen sospechar que escarbando entre la roña se puede encontrar oro, que debajo de la mugre subyace el espíritu y que hay gente buena en medio de todo y a pesar de todo. Me quedo con eso.

Las cosas no son blancas o negras, las motivaciones son complejas, los intereses y las necesidades a veces se contraponen y se enfrentan a la descarnada realidad.

[…]  En el mundo de Newton no se observaban fenómenos paradójicos o incomprensibles. Todo se desarrollaba en forma clara y regular: los relojes no atrasaban y los gemelos envejecían tranquilamente juntos. En 1887, sin embargo la solidez y la racionalidad de este mundo sufrió un duro revés cuando se advirtió que la luz se comportaba de forma incoherente y diferente de cuanto prevenían las leyes conocidas. […]

Después de todo entender a veces es doloroso.

Título original: “Le bugie della scienza. Perché e come gli scienziati imbrogliano”. En español, Alianza editorial, Madrid, 1998

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