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“Las máquinas del tiempo y de la guerra”

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Un libro que son dos libros, un estudio histórico crítico agudo, ingenioso, heterodoxo y en definitiva inclasificable, por sorprendente y original.  Un trabajo documentado que proporciona otra visión de las cosas importantes que marcan las vidas humanas.

Le macchine del tempo y Guns and sails in the early phase of european expansion, 1400-1700 por Carlo M. Cipolla.

El libro primero ‘Las máquinas del tiempo’ dedica una parte importante a los relojeros europeos, en ellos pone su mirada ácida, y describe, comenta, analiza pormenorizadamente los eventos en torno a los relojes. En realidad a través de la historia de las cosas que rodean a los hombres se habla de hombres, se narra las costumbres, las ideas y las pequeñas o grandes cosas del acontecer humano.

El segundo capítulo del libro se sumerge en el mundo oriental, y con el mismo rigor que en el caso europeo habla con soltura de ‘los mandarines chinos y la campana que suena sola’, que así se titula el capítulo. Es curioso y asombroso el mundo oriental visto bajo la mirada occidental, pero tampoco queda títere con cabeza

[…] hacia 1600 había en Ginebra entre veinticinco y treinta maestros relojeros, además de un número indeterminado de operarios y aprendices […] relata el autor que en tiempos de Calvino no eran pocos los emigrantes atraídos no tanto por el Evangelio como por la prosperidad económica de la ciudad. El epílogo, el apéndice y la bibliografía abundante merecen francamente la pena.

El segundo libro traducido por ‘Cañones y velas’ consta de dos partes una dedicada al escenario europeo y otra a ultramar. Un estudio original y curioso, con unas ilustraciones muy buenas. Un ensayo ligero que da gusto leer, y que deja buen sabor de boca, por la enorme cantidad de información que suministra.

La guerra marca el destino de los pueblos y de los hombres y también de la ciencia, fue fundamental en el camino que tomó la revolución científica el estudio de los cañones. Los artilleros debían afinar la puntería y para ello los reyes contrataban matemáticos, físicos en suma estudiosos que tuviesen conocimientos suficientes para realizar esos trabajos. En una época en que los científicos no estaban profesionalizados, y que en general dominaban variadas disciplinas y tenían múltiples intereses.

Tener el mejor armamento era capital, y para ello invertían en los mejores cerebros. Nuestro conocimiento del mundo en cierto modo progresó por el afán de los seres humanos de dominarse unos a otros, de ejercer el poder.

[…] por supuesto, los europeos no se hallaban siempre dispuestos a difundir las armas en que residía su supremacía, aunque con frecuencia transfirieron cañones a los nativos. En algunos casos los europeos deseaban obtener de la autoridad local privilegios especiales para su comercio. En otros, se trataba de ayudar a un potentado contra otros siguiendo la política de ‘divide y vencerás'[…]

Editorial Crítica; Barcelona, 1999


1 comentario

  1. Rosa M Herrera dice:

    Reblogueó esto en Baricentro Blog.

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