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La visión general de la física en las postrimerías del siglo xx

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No sé si a estas alturas el título de este libro es muy adecuado, dada la velocidad vertiginosa a la que suceden los cambios, que ya no son del tiempo de una generación. Pero respetando, como no podía ser de otra manera, la voluntad de quien lo escribió, John G. Taylor, que bautizó así a su opúsculo The New Physics aludo en este comentario un poco al tema sobre el que versa el libro.

Salvedad hecha al título, que en cualquier caso es una puerta de introducción hacia una descripción general del panorama vigente de la física.

En el libro encontramos, a la fecha que fue escrito, el distinto grado de desarrollo de los distintos campos que la conforman, y el diverso interés que estos despiertan en la sociedad en general. De entonces acá las evolución de las cosas ha seguido su curso.

La introducción  a gran escala y en todos los niveles (o casi) de la modelización y de la simulación con el advenimiento de los ordenadores ha supuesto la introducción de un nuevo basamento sobre el que asentar la investigación científica o el método científico de la investigación, y eso claro al leer este libro se echa en falta.

No obstante como ilustración y como medio de adquisición de ideas y aprendizaje no sobra un ejemplar de esta obrita en ninguna biblioteca científica.

Se estructura el libro en torno a nueve capítulos que constituyen nueve temas recurrentes en la historia del desarrollo y la evolución del pensamiento en esta disciplina.

El primero es un repaso general para contextualizar el trabajo y se titula “La vieja física” y funciona a modo de contribución histórica y visión personal del autor del panorama general.

El segundo que en español se llama “El átomo dividido” juega un poco con las palabras ya que alude tanto a la indivisibilidad del átomo (o a su composición en partículas de menor tamaño) como a la división de opiniones que genera, la identidad de este ente material.

El tercer capítulo que tiene un título algo osado “Más rápido que la luz” describe los momentos y los intentos de encontrar una manera de violar la idea de la finitud y la constancia de la velocidad de la luz, sobre la cual se basan todos los constructos de la física teórica actual.

El cuarto y el quinto capítulos están dedicados a los constituyentes íntimos de la materia, a lo más pequeño, son respectivamente “El poder del núcleo” y “En busca de la elementalidad”, en la física de partículas entran en juego tres de las cuatro fuerzas fundamentales del universo (electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil) y resulta de una complejidad extrema tratar con eso tres bravíos monstruos conceptuales, y domesticarlos en el trabajo experimental cotidiano.

El capítulo seis que titula “La caída de las leyes de la física” vuelve a ser una incursión osada (al menos inicialmente, luego no tanto) en la nueva física -aquí está muy bien traído el título- a la física no basada tanto en los principios tradicionales, sino en una visión más profunda o más matemática basada en principios variacionales, no coincido exactamente con la posición de Taylor, sin embargo, su lectura me resulta enriquecedora y su exposición clara.

Los capítulos siete, ocho y nueve, están dedicados a una fuerza muy especial, la de gravedad, que se extiende por todo el universo y que parece constituir tanto en su formulación clásica como relativista -en este último caso, quizá es pecado hablar en términos de fuerza- el paradigma según el cual estudiamos los acontecimientos físicos que determinan las estructuras que conocemos baja uno de sus nombres que diría Borges “El universo”, vemos formaciones de estrellas, galaxias, etc.

En busca de una teoría unificada de la física, quizá fuera el afán del autor, y el título más ambicioso de la obra. No sé que lea el lector y que sea  él quien opine.

La vetusta edición que manejo es de Alianza editorial, Madrid, 1974 versión Enrique Paredes

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