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Newton: La Luna y la manzana

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No conozco a nadie que me haya confirmado mirándome fijamente a los ojos que ha leído los Principios Matemáticos de filosofía natural de Sir Isaac Newton (1643-1727). Cuando digo nadie me estoy refiriendo a amantes de la física más o menos reconocidos. Es un libro difícil, muy difícil; en la mentalidad de nuestros días, casi imposible.

Sin embargo, la mayoría de las personas (por no decir todas) que conozco son newtonianas; es lo normal, la idea del mundo físico que él nos legó sigue vigente en lo cotidiano.

Inventor, parejamente a Leibniz, del cálculo diferencial, gran matemático, unos de los padres de la física, reconocido hasta por quienes no le reconocen por la “manzana reveladora” y por quienes se han acercado algo más a él por las bellísimas palabras que escribió el 5 de febrero de 1675  en una carta dirigida a Robert Hooke (1635-1703) sobre su capacidad y talento: “Si he visto más lejos, ha sido porque me he subido sobre hombros de gigantes”, en clara alusión a los grandes que le antecedieron (Galileo, Kepler… y todos los maestros predecesores y contemporáneos suyos). Las malas lenguas atribuyen un punto de maldad en esta hermosa frase, ya que Hooke,  científico de prestigio reconocido ya en su época, parece ser que era bastante pequeño.

Su mecánica construida a golpe de razonamiento geométrico, con lápiz, papel, regla y compás y las matemáticas* que él mismo elaboró es una obra de arte.

Ha sido embellecida posteriormente con la formulación de otros grandes, solo para empezar J.L. Lagrange (1736-1813) y los formuladores de la mecánica racional.

Los escolares apenas saben de él que es quien descubrió que la Luna y la manzana caen hacia la Tierra por la misma razón, que a su vez es la misma razón por la que la Tierra y los demás planetas están atrapados en órbita alrededor del Sol,  y por las leyes del movimiento que usan con más o menos soltura para abordar los ejercicios que les permiten pasar curso.

  • Está escrito en latín, como todo “libro sagrado” occidental que se precie. Como aperitivo esta brevísima cita, la ‘ley de inercia‘, tal cual:

Corpus omne perseverare in statu suo quiescendi vel movendi uniformiter in directum misi quaternus a viribus impressis cogitur statum illum mutare.

*****

La aplicación de las leyes de Newton a los fenómenos astronómicos con la que estamos tan familiarizados no es un asunto baladí, no podemos medir de forma directa la fuerza que ejerce el sol sobre un planeta, por ejemplo; así es que asumir ese hecho que ahora nos parece tan natural de que todas las fuerzas del universo se rigen por las mismas leyes no es de suyo inmediato; de hecho ni Kepler, ni Galileo y otros grandes anteriores a Newton habían llegado a ello.  Así es que a pesar de haberse aupado sobre hombros de gigantes hay que ser un gigante para ver tan lejos.


La edición que manejo es de Tecnos, al cuidado de la cual estuvo Antonio Escohotado, y es de Madrid, 1978.

También debo agradecer las lecturas de documentos preparados por personas con gran experiencia didáctica e investigadora, como el profesor Antonio Giorgilli

* Introdujo la herramienta del cálculo diferencial contemporáneamente a Gottfried W. Von Leibniz (1646-1716)


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