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Galileo y Kepler

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El mensaje y el mensajero sideral, este es el título que reza en la cubierta de la versión de esta  joyita que Galileo Galilei (1564-1642) escribió con el título de Siderius nuncius. Disertatio cum nuncio Sidereo.

Aunque no se trata de una obra enorme en cuanto a su magnitud física, contiene el potente pensamiento de Galileo sobre los temas astronómicos que le preocupan de continuo. Sus estudios, sus apreciaciones, detalles de sus investigaciones que no aparecen en otras obras de mayor enjundia, se presentan en esta con gracia y minuciosidad.  El estilo del maestro. Lectura amena y curiosa como poco, y seguro que algo más.

…”La Luna no se halla cubierta por una superficie lisa y pulida, sino áspera y desigual, y que, a la manera de la faz de la Tierra, hállase recubierta por doquier de ingentes prominencias, profundas oquedades y…”

eclipse

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La tentación de leer estos textos con condescendencia, desde la altura de nuestros tiempos, cuando tenemos fotos de la Luna a nuestra disposición es demasiado fácil, como para sucumbir a ella. Intentemos ponernos en la cabeza de un lector contemporáneo de Galileo: el estupor, la fascinación, la maravilla no tendrían cuento; en la nuestra quizá tampoco…

En el mismo volumen al que me refiero el editor incluye también Una conversación con el mensajero sideral de Johannes Kepler (1571-1630), brevísima discusión en la que la discrepancia no ensombrece la admiración del segundo hacia el primero, clara, abierta e inconfundible.

Las razones que normalmente se esgrimen para intentar explicar las causas por las que Galileo no se “aprovechó” totalmente de los trabajos de Kepler, parecen una mezcla de asuntos personales, con convicciones o creencias, que significan un aspecto distinto de una personalidad rica, compleja y contradictoria.

Vista desde la incompleta versión que estas alturas del tiempo nos depara, se nos presenta como la historia de una relación quizá no todo lo armoniosa o fructífera que cabría esperar…

La edición que manejo de estas obras (un poco antigua) ha estado al cuidado de Carlos Solis en Alianza Editorial en Madrid, 1984.

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